Europa le da la espalda al diesel

Inventado en nuestro continente por el alemán Rudolf Diesel el 1892, durante décadas los gobiernos europeos han promocionado los motores diesel. Su principal ventaja es que tiene un rendimiento superior al de gasolina, por lo cual acaba consumiendo menos combustible, aspecto muy importante en un continente donde no disponemos de grandes recursos de hidrocarburos. Cuando la problemática del cambio climático empezó a llegar al gran público, el motor diesel ofreció una nueva ventaja: emite menos CO2 que los motores de gasolina. Aun así, esta tecnología tiene una cara oscura, y es que genera más contaminación en el aire, contaminación que es la responsable de decenas de miles de muertos en todo el mundo.

Es por eso que cada vez más se levantan voces para limitar esta tecnología e incluso prohibirla, especialmente en Europa. Hay que tener presente que si bien a nuestro continente es la tecnología mayoritaria a los motores (con más de cien millones de vehículos diesel), al resto del mundo la mayoría son de gasolina, mientras que los diesel, más caros de adquirir, son utilizados en camiones o autocares, vehículos que tienen que hacer muchos kilómetros y pueden amortizar un precio de adquisición superior. El debate sobre los diesel, por lo tanto, es básicamente europeo.

Mejor contra el cambio climático, peor para la salud humana

El motor diesel funciona a una temperatura más elevada que los de gasolina. Un motor térmico es más eficiente si opera además temperatura, por lo cual el motor diesel, puesto que hace la explosión además temperatura, usa menos combustible para el mismo procedimiento. Cómo que se consume menos, los diesel generan menos CO2, el principal causante del cambio climático. Con la gran concienciación pública para luchar contra el aumento de temperatura del planeta, a priori sustituir los motores de gasolina por los diesel parecía una buena idea, y es por eso que los gobiernos europeos apostaron fuertemente. ayudaba, por otro lado, que es un producto netament europeo y las marcas de vehículos, especialmente las alemanas, tienen grandes intereses.

A pesar de esto, tiene una contrapartida negativa: la combustión además temperatura acaba generando más contaminación. Especialmente preocupantes para la salud humana hay los óxidos de nitrógeno y las partículas finas. Estas partículas, que son invisibles al ojo humano, son tan finas que no son retenidas por nuestro sistema respiratorio y pueden pasar directamente a nuestro sistema circulatorio, a la sangre. Los últimos años ha habido una gran atención científica para estudiar el efecto de las partículas finas y los óxidos de nitrógeno sobre los humanos, y se ha relacionado con multitud de problemas de salud. De hecho, en 2012, la Organización Mundial de la Salud clasificó los humos de los diesel como causantes probados de cáncer de pulmón y los asoció al cáncer de vejiga.

El impacto del diesel en la salud humana: 38.000 muertos anuales

Actualmente, la contaminación atmosférica es una de las que más preocupa, porque afecta directamente la salud humana y las ciudades, donde se concreta la mayoría de la población. Se calcula que mueren siete millones de personas al año en todo el mundo por esta causa. Agrava enfermedades previas, especialmente al sistema cardiovascular (es directamente relacionada con un aumento de ataques de corazón), al respiratorio (asma, bronquitis y enfisema) y afecta negativamente al desarrollo cognitivo de los niños, entre más. Una exposición continua acelera el envejecimiento de los pulmones – hace perder la capacidad y mengua la función– y disminuye la esperanza de vida. Personas con problemas coronarios y respiratorios, mujeres embarazadas, trabajadores al aire libre, personas grandes y niños son los colectivos más afectados por la contaminación atmosférica. También puede incrementar la fatiga, reducir la resistencia a infecciones, bajar el rendimiento deportivo o irritar los ojos, la nariz y la garganta.

Es especialmente preocupante en países como la China, porque a raíz de la proliferación de las centrales de carbón para generar electricidad, las ciudades se ven afectadas por verdaderas nubes de contaminación que limitan incluso la visibilidad y sin equivalente en ninguna otra zona del mundo. El gobierno chino ha emprendido medidas drásticas para disminuirla: instalaciones masivas de centrales solares y eólicas, introducción obligatoria de vehículos eléctricos, cierre de centrales de carbón y más medidas todavía más controvertidas (construcción de grandes embalses y centrales nucleares). Pero la industria o la generación eléctrica no son las únicas fuentes de contaminación atmosférica. En los países subdesarrollados la combustión a las cocinas de leña y carbón de las casas es causante de problemas de salud equivalentes.

En el mundo occidental la contaminación atmosférica no es tan visible, dado que utilizamos otras energías para producir electricidad y en nuestras casas usamos cocinas a gas o eléctricas. Aun así, esto no quiere decir que no sufrimos contaminación atmosférica: los motores diesel son una de las principales fuentes. La Agencia Europea del Medio ambiente calcula que en 2014 la contaminación atmosférica en general causó la muerte de 428.000 personas en cuarenta y un países del continente. Centrándose en el diesel, investigadores de Noruega, Austria, Suecia y los Países Bajos concluyen que el 2015 murieron un mínimo de treinta y cuatro mil personas por los humos de los motores diesel en todo el mundo, de los cuales debe de mil en Europa. Es evidente que nos enfrentamos a un grave problema de salud pública.

El ‘Dieselgate’ y las limitaciones EURO

Desde el año 1992, la Unión Europea ha ido introduciendo limitaciones cada vez más restrictivas, pero muy progresivas, en las emisiones de los vehículos. Conocidas como normas Euro, en el actual (Euro 6) las emisiones de los vehículos diesel son equivalentes a las de los de gasolina. Pero hay que tener en cuenta que estas normas son para los vehículos nuevos. Aunque los últimos modelos diesel tengan emisiones equivalentes a los de gasolina, todavía tenemos millones de coches anteriores que continúan emitiendo valores muy superiores. Además, ¿realmente se cumplen estas normativas?

En Europa hay una gran tradición de ayuda pública a las empresas de automoción. A menudo con ayudas más o menos directas (a pesar de que prohibidas por la UE), pero también con la laxitud en la aplicación de la normativa, una normativa diseñada en principio para proteger los consumidores. Uno de los casos paradigmáticos es lo del consumo de los vehículos. Los consumidores sabemos que las cifras de consumo (litros de combustible a los cien kilómetros) son irreales en la vida diaria. A pesar de que son cifras validadas por organismos oficiales, ningún usuario o medio especializado nunca ha conseguido reproducir las cifras oficiales en unas condiciones reales de conducción. Aun así, esto beneficia los fabricantes europeos, que pueden exhibir cifras de consumo inferiores a las de los fabricantes asiáticos o americanos. En los EE.UU., en cambio, las cifras oficiales proporcionadas por organismos independientes reflejan el uso real de los consumidores.

Es por eso que no es de extrañar que fue precisamente en los EE.UU. donde estalló el escándalo del ‘Dièselgate’: las cifras de emisiones que declaraba el principal constructor de Europa de vehículos, la alemana Volkswagen, eran falsas en una utilización real. Además, haciendo trampas de forma intencionada para engañar los tests. Parecía cómo si nuevamente Europa prefiriera, en vez de defender la salud de sus ciudadanos, defender a la industria automovilística, dándose por satisfecha que declararan que cumplían la normativa en vigor sin hacer pruebas exhaustivas de la veracidad. El ‘Dieselgate’ fue un escándalo que afectó también a marcas europeas, pero lo más importante es que marcó un punto de inflexión. Instituciones académicas, gobiernos municipales (los más afectados por la contaminación atmosférica) y el público en general de todo Europa presionan a las autoridades estatales y europeas porque haya una regulación más severa y anteponiendo la salud pública a la industria automovilística y a sus intereses económicos.